Recetas (inútiles) para comunicar.

Relájate, mira al público, créetelo, véndete, habla fuerte y claro, convénceles, no muevas las manos, respira hondo, muévete, sé natural. Sé tú…

La mirada desde afuera es la que nos dice cómo debe ser la comunicación, nos propone observar nuestros gestos, cómo nos movemos, qué palabras hay que usar, cómo debe ser nuestra mirada, y hasta el tono de nuestra voz, para repetir una manera de actuar estándar que nos iguala y nos despersonaliza.

Mirarnos desde afuera y darnos órdenes, como hace un director de escena, es la propuesta más habitual que encontramos en los manuales de hablar en público. Lo que se olvida en esas propuestas es que un director mira, observa y dirige a actores, que son personas formadas en el arte de representar la vida. Eso quiere decir que los actores traducimos las indicaciones del director, porque somos profesionales de la interpretación, no hacemos gestos o ponemos caras, vivimos el acto escénico, no somos marionetas.

Impartir recetas a personas que no son actores, y pretender que actúen libremente en escena, eliminando todos sus prejuicios y sus miedos, al grito de tú puedes, puede generarles frustración. Los alumnos van a intentar hacer determinados gestos, impostar la voz, mirar y moverse, y hasta usarán unos recursos de actuación y unas pautas que no sirven para todos los públicos de todas las culturas…

La formación en habilidades comunicativas sirve para ayudar a comunicar libremente, no para encorsetar a quien quiere comunicar.

Cuando nos preocupamos por cómo hablamos, miramos o nos movemos, perdemos de vista por qué o para qué lo hacemos. Perdemos de vista a nuestro interlocutor, porque mientras mantenemos un diálogo con nosotros mismos, dejamos afuera a la persona con quien hablamos, y así no hay comunicación posible.

Es necesario practicar, no ensayar, como hacemos los actores en nuestra formación, trabajar la creatividad y la libertad para dejar afuera a miedos y prejuicios. Conocer el por qué de nuestras respuestas fisiológicas a la exposición ante los demás, los orígenes de nuestra manera de hablar y de movernos nos tranquiliza, nos libera de prejuicios.

En definitiva, se trata de saber por qué hacemos lo que hacemos, jugar con nuestra propia manera de expresar y no repetir recetas que convierten las exposiciones en público en presentaciones clónicas.